En una noche estrellada, con la luna más hermosa, estaba un joven sentado en un puente, viendo el borde y pensando en lanzarse o no. Al final opto por quedarse allí, su vida no era la mejor, pero al menos estaba vivo. Veía el cielo y buscando consuelo, quizás a alguien que lo protegiera, pero solo escuchaba los sonidos de la noche. De un lado del puente se alzaba la entrada al cementerio, con sus tumbas grandes e imponentes de los ricos y los nichos de los pobres, pero al fin y al cabo, una vez muertos todos son iguales, buenos y malos, ricos y pobres.
“Qué imagen tan decrepita debo dar en este momento, pero a quien le importa. Total hoy el día no puede empeorar, botado de la casa de nuevo porque el alcohólico de mi padrastro llego tomado, y no le gusta que el hijo de otro hombre este en su casa. Así que hoy me toca dormir en la calle o donde encuentre acilo, quizás debería ir a dormir con papa, al menos su hogar es silencioso.
Pose mis manos en el borde del puente en el que solía esconderme, los demás chicos no iban allí, es que es lógico quien iría al puente que divide el cementerio del a ciudad. Pero ese lugar me brinda paz y tranquilidad, al menos los muertos no me molestan. Me asome a ver mi reflejo en el agua, soy un chico normal, quizás demasiado flaco o demasiado pálido, con el pelo negro y desordenado, y todo sucio de haber recibido una paliza de los abusivos de la escuela, por no poder pagarles los 5$ diarios. Ni siquiera las niñas se fijaban en mí, es triste, pero a mis 14 años soy invisible, no tengo ni un solo amigo.
De pronto escuche un ruido, voltee y los vi, 4 siluetas negras se acercaban a mí. Se fueron acercando y hasta que los reconocí, eran los abusivos, venían retándose a entrar al cementerio, son tan imbéciles como para tenerle miedo a un montón de tumbas.
Trate de alejarme antes de que me vieran pero ya era demasiado tarde.
-he mira… si es el bobo de Seismus, que cree que se puede esconder acá sin habernos pagado hoy. Dijo el pelirrojo más alto del grupo.
-Vamos a darle una lección. Grito un moreno con chaqueta negra, y actitud de malhechor.
Salte del muro donde estaba sentado y corrí con desesperación, con esos 4 abusivos pisándome los talones, hasta que logre perderlos entre las tumbas. Ellos al ver que entre al cementerio se detuvieron, pues la vieja leyenda del pueblo decía que el cementerio había una maldición, y a partir de las 10 los muertos salían a disfrutar, pero debían hacerlo dentro del cementerio.
Yo me detuve en una tumba, y agachado al lado de la lápida espera hasta que los 4 jóvenes se dieron la vuelta y desaparición en las calles. Me levante y camine con las manos en los bolsillos por el cementerio hasta que encontré la tumba que buscaba, la de mi padre. Me acosté en ella, cruce los brazos y llore, llore hasta quedarme dormido. Sé que es un lugar aterrorizante para pasar la noche, pero cuando eres alguien como Seismus Bletcher no tienes más opción.
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